Suelos volcánicos: el secreto de los vinos únicos

El suelo volcánico es una de las bases más fascinantes para la agricultura y la viticultura en nuestro planeta. Desde viñedos hasta huertos de verduras, los suelos volcánicos desempeñan un papel clave en la producción de sabores únicos y cultivos de alta calidad. Algunos de los mejores ejemplos incluyen el café cultivado en los suelos volcánicos de Hawái y Centroamérica, el cacao cultivado en el terreno volcánico de Santa Lucía y los vinos elaborados con uvas cultivadas en Santorini, el Monte Etna en Sicilia y las Islas Canarias.

¿Qué son los suelos volcánicos?

Los suelos volcánicos, conocidos como Andisoles, suelen ser muy jóvenes y pueden ser ácidos, dependiendo del tipo de volcán del que se originen. Estos suelos se forman a partir de materiales volcánicos como ceniza, piedra pómez, basalto y lava. En regiones con actividad volcánica frecuente, los Andisoles pueden ser excepcionalmente ricos en nutrientes y tener excelentes propiedades de retención de agua.

Características clave de los suelos volcánicos

Los suelos volcánicos son ricos en minerales, incluidos potasio, calcio, hierro, magnesio y varios oligoelementos. Cuando están recién formados, estos suelos suelen ser ligeramente ácidos, con un rango de pH de 5,5 a 6,5. Sin embargo, su acidez puede cambiar con el tiempo debido a los procesos de meteorización.

Formación de suelos volcánicos

La fase de erupción

Durante las erupciones volcánicas, se expulsan ceniza, tefra, piedra pómez y lava. Estos materiales se enfrían y se meteorizan, descomponiéndose en partículas ricas en minerales.

Meteorización y desarrollo del suelo

Con el tiempo, los minerales se combinan con agua, aire y materia orgánica para formar minerales de arcilla como la alofana y la imogolita. Estos minerales contribuyen a la excepcional fertilidad y capacidad de retención de agua de los suelos volcánicos.

Suelos volcánicos y calidad del vino

La ligera acidez de los suelos volcánicos ayuda a las vides a absorber nutrientes esenciales como el hierro, el zinc y el magnesio. El pH del suelo puede influir en la maduración de la uva, la acidez y, en última instancia, la frescura y la mineralidad del vino.

Las uvas cultivadas en suelos volcánicos tienden a producir vinos con distintivos sabores a pedernal, ahumados o incluso salados. La combinación de alta fertilidad y baja materia orgánica puede crear suficiente estrés en las vides para promover la producción de uvas más concentradas y sabrosas, lo que paradójicamente beneficia la elaboración del vino.

En Lanzarote, Islas Canarias, los suelos volcánicos pueden ser relativamente neutros debido a la baja pluviosidad y la presencia de lapilli ricos en minerales, que tienden a ser ligeramente alcalinos. La profundidad de la ceniza volcánica que cubre el suelo puede variar de 30 centímetros a 4 metros. La viticultura en Lanzarote se caracteriza por hoyos profundos y muros de piedra seca curvos, conocidos como zocos. Estos zocos protegen las vides de los fuertes vientos alisios del noreste. La capa de ceniza volcánica ayuda a retener la humedad y a capturar cualquier lluvia en el suelo subyacente. No es raro encontrar viñedos que no se riegan y que, en cambio, dependen únicamente del agua atmosférica para sobrevivir.

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Dan